Oración

¿Dónde está Dios o dónde estamos nosotros?

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¿Qué espacio ocupa Dios en mi vida? Es una pregunta que, a lo mejor, me hago con frecuencia. Muchas veces digo que “Dios habita en nosotros”, que habita en mí, y me equivoco de medio a medio, porque la pregunta correcta no es dónde habita Dios, sino dónde habito yo; se trata de preguntarme si yo, si nosotros, habitamos en Él; si TODO lo somos en él.
¿Qué me mueve? ¿Qué me sostiene? ¿Hacia dónde oriento mi existencia? ¿En quién y por quién vivo? ¿Cómo se expresa eso en lo que vivo y hago; en mis relaciones con los demás? Una pista: ¿qué pintan los pobres en mi vida?
Busca lugar, tiempo, postura y manera… Escucha, Ora.

 

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Orar desde el mundo obrero: Domingo de Ascensión

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¿Qué señales nos están pidiendo hoy a nosotros –cristianos– nuestros hermanos empobrecidos, “injusticiados”, robados en sus derechos… a quienes tenemos la misión de anunciarles la Buena Nueva? ¿Qué demonios hay que expulsar, qué serpientes inutilizar, qué veneno desprestigiar? ¿Qué lenguaje nuevo están esperando de nosotros?

¿No era posible otra política económica? Decir que no sería lo mismo que afirmar que la justicia no es posible. Y eso un cristiano jamás lo podrá decir. No, no exigimos la justicia perfecta del Reino de Dios; sólo la justicia posible de un reino de personas que respete su dignidad inviolable. Otra política es posible. Sí, Y de nosotros, el pueblo, depende que comience su andadura.

Imagen tomada de: http://www.mugak.eu

Sólo el que ha experimentado la confianza de Jesús en él puede decir, puede decir en verdad: creo en ti, Jesús. (…) El no creer que implica condenación (Mc 16, 16) es el no amar al necesitado (Mt 25, 31 ss), es el negarse a secundar los derechos de los empobrecidos.

Tiempo de esperanza

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La esperanza cristiana es muy distinta de la espera y del optimismo. La espera lo deja todo en manos de Jesús sin incluir la parte nuestra que Cristo nos encomienda. Pero nada decepcionaría mas a Jesús que nos quedáramos mirando a las nubes a ver si viene, sin darnos cuenta que Él ya está entre nosotros hasta el fin del mundo. Nosotros poseemos el regalo del Espíritu de Jesús para seguir con él la obra del Padre. Aunque parezca que la semilla esté escondida nada está perdido.
La esperanza es muy distinta del optimismo. El optimismo es un sentimiento fruto de nuestro cálculo sobre las posibilidades de éxito que podemos conseguir con nuestras fuerzas. Pero en estas cuentas no incluimos la acción de Dios con nosotros. No somos conscientes que Dios tiene una esperanza, y esa esperanza somos nosotros. La esperanza implica lucha, esfuerzo y valor para evitar, por una parte, el estancamiento en la situación de la injusticia presente y por otra la fuga hacia el espiritualismo futuro.

No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo. (Papa Francisco, Encuentro Mundial de Movimientos Populares)

Adviento: Alentar la esperanza

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No es fácil la esperanza, hoy, para los hombres y mujeres del mundo obrero, mucho menos para los más débiles y precarios. Quizás no lo fue nunca. Pero hoy es más visible la inseguridad, la precariedad, la pobreza, la exclusión, y se hacen más notables sus consecuencias para las personas, la familia y la sociedad.
Pero no es menos cierto que Jesús se ha metido en nuestra historia y la ha sembrado de semillas de esperanza.
¿No oyes sus pasos silenciosos en la noche de los pobres, en la cotidianidad de tus vecinos y vecinas, de tus compañeros y compañeras de trabajo? ¿No oyes el latido de esa semilla en las dolorosas situaciones del mundo obrero? ¿No sentiste la Palabra de Vida acariciando sus penas y manteniendo sus vidas?
Ahora, Dios se dirige a ti pidiéndote que te atrevas a esperar con Jesús un mundo obrero más solidario, para una humanidad más solidaria; un movimiento obrero más abierto a los débiles, para una sociedad más humana y fraterna; unas organizaciones obreras más humanas, para una sociedad con un futuro mas justo. Acepta el reto que Dios te lanza. Activa en ti una palabra de esperanza para la compañera del sindicato y el compañero de la asociación; un signo de justicia, para el abandonado; un gesto de acogida con el emigrante; un grito de ¡basta ya! con el desahuciado…
El Adviento quiere encaminarte a una esperanza de mirada limpia. Es una ocasión para mejor situarte en tu Sector; para más hondamente implicarte en el Quehacer Apostólico de la HOAC; para más fielmente concretar tu proyecto Evangelizador; para más densamente cuidar a tu Grupo de Acción; para acrecentar la Comunión Trinitaria en tu equipo En definitiva, el Adviento viene a poner voz a tu oración: “Señor Jesús, Ayúdame a recorrer este camino de esperanza. Abre mi corazón a la confianza en los débiles. En tus manos, Señor, pongo mi causa y su causa, que es la tuya”.