Cultura de la igualdad y de la vida

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(Artículo de Francisco Porcar, publicado en ¡TÚ! Marzo 2015)

A principios del siglo XIX, Flora Tristán, obrera y feminista, denunciaba el uso esclavista que se hacía de las mujeres trabajadoras, tratándolas como parias y defendía en el programa político que proponía a obreras y obreros, “Unión Obrera”, el reconocimiento de la igualdad de derechos del hombre y la mujer “como único medio para constituir la unidad humana”. Consideraba la cultura de la igualdad esencial para el movimiento obrero.

En su época, esa igualdad no se reconocía ni siquiera teóricamente, mucho menos en la práctica. Hoy, gracias a la lucha de muchos años, hemos logrado algunas conquistas en ese terreno. Pero las desigualdades de género siguen pesando como una losa sobre nuestra humanidad.

En la historia de los trabajadores y las trabajadoras, hoy también, esa persistencia de injustas desigualdades está relacionada, entre otros, con un hecho, el choque entre la lógica que impone un modelo económico y social que quiere someterlo todo a la búsqueda de la máxima rentabilidad y lucro, y la lógica de la vida que ha intentado defender el movimiento obrero buscando conquistar espacios (tiempo) de vida y condiciones de seguridad (derechos) para la vida de las familias trabajadoras, para liberar a trabajadoras y trabajadores de la esclavitud economicista que les instrumentaliza y les dificulta una vida digna.

Ese choque entre rentabilidad y vida, por efecto entre otras cosas de la misma división sexual del trabajo que se ha impuesto, y de la atribución casi en exclusiva a las mujeres también de la tarea de cuidadoras en aspectos esenciales para la vida, las mujeres trabajadoras han ocupado, y ocupan, una posición de mayor vulnerabilidad que se expresa en más precariedad labora, peores condiciones laborales, salariales…, porque también esas tareas de cuidado de la vida son penalizadas por un sistema económico que las ve como una carga, un coste que reduce la rentabilidad.

Por eso, en la lucha por la igualdad es esencial la conquista de una cultura de la vida, del derecho a vivir con dignidad, que ponga en su lugar de simple instrumento la lógica del beneficio y la rentabilidad que hoy nos domina. Para construir “la unidad humana”, que decía Flora Tristán, esa cultura de la vida es esencial, hoy más que nunca.

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