Month: December 2014

Dios promueve salvación desde las periferias

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Todos los detalles del nacimiento del Hijo de Dios coinciden en actuar desde las periferias para salvar a todos.

AnunciacionEl anuncio del nacimiento de Juan Bautista acontece en Jerusalén, la capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea; una aldea sin relieve alguno, llamada Nazaret, de donde nadie esperaba que saliera algo bueno. Años más tarde, los pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesucristo, mientras que Jerusalén lo rechazará. Siempre son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden la Buena Noticia de Dios.

El nacimiento de Juan Bautista tiene lugar en el espacio solemne y sagrado del templo. El de Jesús en una casa pobre de una aldea. Años más tardes, Jesús se hará presente donde la gente vive, trabaja, goza y sufre. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho “carne” no para permanecer en los templos, sino para “poner su morada entre los hombres” y compartir nuestra vida. El anuncio del nacimiento de Juan Bautista lo escucha un “varón” venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El anuncio del nacimiento de Jesús se le hace a María, una “adolescente”. No se indica dónde está ni qué está haciendo: ¿a quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.

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¿Qué esperan los pobres?

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(Entrada tomada del artículo de Gregorio Burgos en el TÚ de diciembre de 2014)

Con tantas cosas que pasan en nuestra sociedad, muchos nos encontramos avergonzados e indignados. Tantísimas personas pasándolo mal en esta maldita crisis y unos cuantos haciendo todo el esfuerzo por ser mangantes.

Necesitamos alguien que nos anime, nos dé otros horizontes, marque caminos y nos haga cambiar a todos, y, sobre todo, que a los pobres les dé esperanza y fuerza.

El Papa Francisco, en su discurso al Encuentro de Movimientos Populares, alaba la reacción activa de los pobres: “Hay una realidad muchas veces silenciada. ¡Los pobres no sólo padecen la injusticia, sino que también luchan contra ella! (…) Practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar”

Pero solidaridad “también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero” (…)

Hay que poner a las personas con sus derechos y auténticas necesidades por encima de todo. Así dice el Papa, “cuando en el centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre (…) cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero, sucede esta trastocación de valores”

Y es que, como reza “La alegría del Evangelio”

La ética (y Dios) suele ser mirada con desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues codena la manipulación y degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización, y la independencia de cualquier tipo de esclavitud. (EG, 57)

Compromiso ético para desenterrar la justicia #EditorialNNOO

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Nuestra sociedad se parece cada vez más a una ciudad que tras un terrible bombardeo ha quedado reducida a un montón de escombros. Nuestro edificio social es un montón de escombros bajo el que está enterrada la justicia. Bajo los escombros están los derechos de muchas personas, el derecho a ser y vivir de las personas, de los pobres.

El bombardero que ha tirado las bombas que han causado este destrozo humano es el de la idolatría del dinero, la institucionalización social del afán de enriquecerse a toda costa.(…) La idolatría del dinero se expresa en políticas que generan desigualdades crecientes y no atienden las necesidades sociales y de los empobrecidos, porque dan prioridad a la acumulación de riqueza por unos pocos, en la falsa convicción de que ese comportamiento generará crecimiento económico que, antes o después, alcanzará a todos.

Las políticas y la corrupción que responden a la idolatría del dinero han impulsado en los comportamientos institucionales un individualismo atroz, que desplaza al bien común, la solidaridad y la comunión social. (…) En este contexto, como dice el papa Francisco, «la ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado» («La alegría del Evangelio», 57).

Pero, precisamente por eso, necesitamos un firme compromiso ético, recuperar la ética, para derribar de su pedestal al ídolo del dinero y devolver a la persona al lugar que le corresponde, para poner primero que nada a las personas, a los pobres, sus derechos y necesidades. “La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” («La alegría del Evangelio», 205)

Lee aquí completo el #EditorialNNOO.